“Hay hombres que cantan para ser escuchados, y otros que cantan para no morir jamás.”
Bajo un sol de oro ardía el concierto,
y el viento tembló sobre la tarima,
cada nota fue relámpago y cima,
cada acorde un corazón descubierto.
Cantaba Don Luis contra el desierto,
rompiendo la noche que al alma lastima,
y el eco subía como blanca espuma
sobre el silencio oscuro y ya desierto.
El tambor fue trueno de viejo destino,
la guitarra un río de fuego encendido,
y el tiempo cayó rendido en el camino.
Vasco Sin Dabeibe jamás se ha ido;
vive donde sangra un verso divino,
donde un sueño canta aunque haya partido.
En la sombra vibra la melodía,
como un dios antiguo dentro del sonido,
cada cuerda guarda lo que ha vivido,
y el alma despierta donde antes dormía.
La luz amarilla parece un incendio,
pero no destruye: transforma la vida,
hace eterna la voz que parecía perdida,
y convierte el recuerdo en firmamento inmenso.
El baterista combate contra el tiempo,
rompiendo los relojes de la tristeza,
mientras el cantante desafía el viento
con la fuerza inmortal de su nobleza.
La guitarra navega como cometa,
sobre mares oscuros de melancolía,
dejando en el aire la última poesía
que jamás abandona al verdadero artista.
Y aunque el escenario parezca vacío,
la música permanece respirando;
porque hay hombres que siguen cantando
aun cuando ya viven del otro lado del río.
Por León Vechhio
Tamaño : Lienzo Horizontal de Tela Vertical 0.90 mts alto x 1.60 mts ancho, en bruto (sin marco);
Técnica: Pintura Acrílica;
Estado: Vendido
Código: LV-2019-004;
Año de Creación : 2019;
Autor: Lucian Verona.